«La biometría consiste en nuestras características físicas (y de comportamiento) más singulares, que pueden ser detectadas de forma práctica por dispositivos e interpretadas por ordenadores, de modo que puedan utilizarse como representantes de nuestro yo físico en el ámbito digital. De este modo, podemos vincular los datos digitales a nuestra identidad con permanencia, coherencia y claridad, y recuperar dichos datos mediante ordenadores de forma rápida y automatizada».
Identidad y confianza
Hay innumerables aspectos de nosotros mismos que, en conjunto, nos hacen únicos a cada uno de nosotros, como nuestros rasgos físicos, nuestra dirección, nuestra fecha de nacimiento, nuestras relaciones y nuestros conocimientos. La singularidad de nuestra condición física y nuestra historia personal queda plasmada en lo que comúnmente denominamos nuestra «identidad». En el mundo actual, interconectado y dominado por la informática, cada vez es más útil 1) atribuir correctamente la información digital a una persona y 2) afirmar nuestra identidad de una forma que pueda comunicarse y en la que se pueda confiar. Nuestra identidad podría utilizarse simplemente para atribuir adecuadamente información sobre nosotros que resulte útil para algún fin en el futuro (por ejemplo, un historial médico o financiero). Pero este tipo de registros también nos permiten demostrar un patrón histórico de comportamiento para generar confianza y, al hacerlo, fomentan la responsabilidad personal. Aprovechamos esta confianza y responsabilidad para obtener privilegios como el acceso a un dispositivo, un activo digital, una instalación o un país.
A efectos de acceso, la utilidad de la identidad es doble: en primer lugar, para transmitir nuestra fiabilidad y responsabilidad; y, posteriormente —al intentar realizar una transacción basándonos en el «capital de confianza» que nos hemos ganado—, para demostrar que somos, de hecho, la misma persona con la que se estableció anteriormente esa confianza. Por el contrario, nuestra identidad podría ser cuestionada con el fin de contrarrestar una representación fraudulenta, o ser utilizada por otra persona para sembrar la desconfianza hacia nosotros.
Nuestros nombres y números personales constituyen un medio probado y relativamente eficaz para representar nuestra identidad. Es importante destacar que pueden ser interpretados no solo por personas, sino también por ordenadores, para vincularnos información digital y atributos que generan confianza o desconfianza, lo cual resulta claramente útil para numerosas aplicaciones. Un expediente académico, una multa por exceso de velocidad y un historial crediticio cumplen todos este propósito. Pero nuestros nombres y números solo son eficaces en la medida en que sean 1) únicos, 2) permanentes, 3) coherentes y 4) estén vinculados de forma inequívoca a nuestro ser físico. Sabemos que no son necesariamente únicos (p. ej., John Smith) ni permanentes (p. ej., Judy Smith, de soltera Johnson), y está claro que no están vinculados de forma inequívoca a nosotros físicamente (p. ej., un tatuaje). Aquí es donde resulta útil la biometría moderna. La biometría consiste en nuestras características físicas (y de comportamiento) más singulares, que pueden ser detectadas de forma práctica por dispositivos e interpretadas por ordenadores, de modo que puedan utilizarse como representantes de nuestro ser físico en el ámbito digital. De este modo, podemos vincular los datos digitales a nuestra identidad con permanencia, coherencia y sin ambigüedades, y recuperar esos datos mediante ordenadores de forma rápida y automatizada.