En la Identity Week Europe 2026, Brian Krause, director de ingresos de Aware, cuestionó una creencia generalizada en el sector de la biometría: que las organizaciones pueden resolver sus problemas de identidad seleccionando al «mejor» proveedor de soluciones biométricas y estandarizando el uso de una única solución.
La realidad es más complicada.
A medida que las tecnologías biométricas se van integrando en procesos como la incorporación digital, el acceso del personal, los servicios financieros, la seguridad fronteriza, la prevención del fraude y la autenticación de clientes, las organizaciones se están dando cuenta de que el éxito ya no radica en elegir la tecnología biométrica adecuada, sino en desarrollar la flexibilidad necesaria para adaptarse a medida que cambian las tecnologías, las amenazas y los requisitos empresariales.
Según Krause, el futuro de la biometría es la «orquestación biométrica».
La biometría se ha convertido en una infraestructura crítica
Hace una década, la tecnología biométrica solía considerarse una herramienta de autenticación especializada. Hoy en día, se ha convertido en un componente fundamental de la confianza digital.
Las organizaciones recurren actualmente a las tecnologías biométricas para verificar identidades, garantizar el acceso seguro a los sistemas, prevenir el fraude y ofrecer una experiencia fluida a los clientes. En muchos casos, la biometría se ha convertido en una infraestructura de importancia crítica.
Sin embargo, aunque la implantación de la biometría se ha acelerado, la forma en que muchas organizaciones gestionan estos sistemas no ha evolucionado al mismo ritmo.
En lugar de abordar la biometría como una capacidad estratégica, muchas empresas siguen implantando tecnologías en proyectos aislados y soluciones puntuales. Con el tiempo, esto genera una complejidad que resulta cada vez más difícil de gestionar.
La IA ha cambiado el panorama de las amenazas
El rápido avance de la IA generativa está obligando a las organizaciones a replantearse sus estrategias biométricas.
Los ataques de fraude tradicionales se basaban en técnicas relativamente sencillas, como los ataques de repetición o los intentos básicos de suplantación de identidad. Los atacantes actuales tienen acceso a «deepfakes» generados por IA, identidades sintéticas, herramientas de suplantación de identidad en tiempo real, ataques de inyección y técnicas de IA adversaria cada vez más sofisticadas.
Esta evolución plantea un reto fundamental.
Aunque los estafadores pueden adoptar rápidamente nuevas herramientas y tácticas, muchas organizaciones siguen atrapadas en flujos de trabajo biométricos estáticos que resultan difíciles de modificar. Actualizar las integraciones, evaluar a nuevos proveedores o introducir capas adicionales de protección suele requerir un esfuerzo de desarrollo considerable y largos ciclos de adquisición.
En un entorno de amenazas que cambia rápidamente, las arquitecturas estáticas tienen dificultades para seguir el ritmo.
El creciente reto de la proliferación de la biometría
Otro problema al que se enfrentan muchas organizaciones es lo que Krause describió como «expansión descontrolada de la biometría».
A medida que los departamentos adoptan de forma independiente tecnologías biométricas para resolver problemas concretos, las empresas acumulan un conjunto cada vez mayor de proveedores, API, flujos de trabajo, políticas y herramientas de gestión.
Lo que comienza como una serie de implementaciones tácticas suele convertirse en un ecosistema fragmentado con una visibilidad limitada y una gobernanza inconsistente.
El resultado es algo que muchos líderes del sector tecnológico ya conocen:
- Varios proveedores de tecnología biométrica
- Múltiples integraciones
- Diferentes marcos normativos
- Equipos operativos aislados entre sí
- Control centralizado limitado
La mayoría de las organizaciones no diseñaron estos entornos de forma intencionada. Simplemente fueron evolucionando con el tiempo a medida que surgían nuevas necesidades empresariales.
Por qué el enfoque de un único proveedor ya no funciona
El propio mercado de la biometría se ha vuelto considerablemente más complejo.
En la actualidad, cientos de empresas participan en programas de pruebas biométricas, y se han evaluado miles de algoritmos en diversas modalidades y casos de uso.
El rendimiento varía en función de factores como:
- Datos demográficos
- Condiciones ambientales
- Tolerancia al riesgo
- Modelos de amenazas
- Requisitos normativos
- Casos de uso concretos
La conclusión importante no es que los proveedores estén rindiendo por debajo de lo esperado, sino que, siendo realistas, ningún proveedor puede liderar simultáneamente todas las modalidades, todos los escenarios de amenaza y todos los casos de uso.
Las organizaciones que basan su estrategia biométrica en un único proveedor suelen sacrificar la flexibilidad precisamente cuando la adaptabilidad cobra mayor importancia.
Argumentos a favor de la coordinación biométrica
Aquí es donde entra en escena la coordinación biométrica.
Krause definió la «orquestación biométrica» como la capa tecnológica que gestiona la selección, la implantación y el uso de los sistemas biométricos a lo largo de los flujos de trabajo de identidad.
En lugar de vincular estrechamente las aplicaciones a proveedores biométricos concretos, la orquestación introduce una capa de control centralizada que permite a las organizaciones:
- Conectar varias tecnologías biométricas
- Aplicar políticas y normas de gobernanza centralizadas
- Enrutar transacciones de forma dinámica
- Incorporar nuevos proveedores rápidamente
- Actualizar los flujos de trabajo a medida que evolucionan los riesgos
- Mantener la visibilidad operativa en todo el ecosistema
En esencia, la orquestación transforma la biometría, que antes era un conjunto de soluciones puntuales, en una capacidad gestionada a nivel de toda la empresa.
De la seguridad estática a la seguridad adaptativa
Una de las ventajas más importantes de la orquestación es la resiliencia.
En lugar de aplicar el mismo flujo de trabajo biométrico a todas las transacciones, las organizaciones pueden tomar decisiones prescriptivas basadas en indicadores de riesgo y en los requisitos de las políticas.
Por ejemplo, una transacción de bajo riesgo podría requerir una simple comprobación de autenticación facial, mientras que una situación de mayor riesgo podría dar lugar a la aplicación de medidas de verificación de identidad ( liveness detection) adicionales, modalidades alternativas o flujos de trabajo de verificación mejorados.
Esto da lugar a un modelo de seguridad más adaptable, capaz de evolucionar sin que las organizaciones tengan que reconstruir su infraestructura cada vez que surge una nueva amenaza o aparece una tecnología más avanzada.
Una forma mejor de gestionar la complejidad
Más allá de la seguridad, la orquestación también ayuda a las organizaciones a recuperar el control sobre entornos biométricos cada vez más complejos.
Gracias a una capa de orquestación unificada, las empresas pueden centralizar:
- Visibilidad
- Gobernanza
- Gestión de flujos de trabajo
- Aplicación de las políticas
- Integración de proveedores
En lugar de gestionar docenas de sistemas inconexos, las organizaciones operan a través de un único plano de control que simplifica la administración sin renunciar a la flexibilidad.
Esto cobra especial importancia a medida que la adopción de la biometría se extiende a nuevos procesos empresariales y recorridos del cliente.
Mirando hacia el futuro
El mensaje central de la ponencia de Krause en la Identity Week Europe fue sencillo, pero importante:
El futuro de la biometría no consiste en encontrar el algoritmo perfecto, sino en desarrollar la capacidad de coordinar.
Porque, en un panorama que cambia rápidamente, nadie es el número uno en todo. Y precisamente por eso es tan importante la coordinación biométrica.