Por Ajay Amlani
La confianza no se genera de la noche a la mañana, y aún no es demasiado tarde para plantearte cómo vas a abordarla.
La confianza siempre ha sido una moneda fundamental en el mundo de los negocios. En 2026, será una de las cosas más difíciles de ganarse.
Estamos entrando en una etapa en la que los contenidos generados por IA, los agentes autónomos y las identidades sintéticas ya no son casos aislados. Se están convirtiendo en herramientas habituales que utilizan tanto los innovadores como los atacantes. Como consecuencia, los supuestos en los que los líderes se han basado durante mucho tiempo para generar confianza en Internet se están desmoronando.
Las contraseñas están fallando. Los CAPTCHA están perdiendo eficacia. Las pruebas visuales ya no pueden darse por buenas sin más. Y, sin embargo, los clientes, los empleados y las autoridades reguladoras exigen mayor confianza, no menos.
Ahora que los líderes empresariales establecen sus prioridades para 2026, es el momento de adoptar una nueva serie de propósitos que no se centren en crear obstáculos, sino en reconstruir la confianza digital de una forma que resulte humana, escalable y responsable.
RESOLUCIÓN 1: DEJEMOS DE TRATAR LA IDENTIDAD COMO UNA DECISIÓN BINARIA
Durante años, la verificación de la identidad se ha reducido a un simple «sí» o «no». En realidad, cada interacción se sitúa en un espectro de confianza.
Iniciar sesión desde un dispositivo conocido en una ubicación conocida conlleva un riesgo diferente al de una transacción de gran valor realizada desde un entorno nuevo. Las tecnologías de «deepfakes» y suplantación de identidad lo ponen aún más de manifiesto.
En 2026, los responsables deberían proponerse ir más allá de la autenticación binaria y avanzar hacia una identidad basada en el riesgo, en la que el contexto, el comportamiento, las señales de los dispositivos y el nivel de fiabilidad biométrica influyan de forma conjunta en las decisiones relativas a la confianza.
RESOLUCIÓN 2: ACEPTAR QUE LAS CONTRASEÑAS ESTÁN EN DESUSO
La adopción de las claves de acceso se está acelerando, lo que marca el principio del fin de las contraseñas. Son más rápidas, más seguras y resistentes al phishing y al robo de credenciales.
Pero las claves de acceso por sí solas no pueden responder a la pregunta más importante: ¿es la persona adecuada la que está detrás del dispositivo?
Dado que los dispositivos se ven cada vez más expuestos a amenazas, los directivos de las empresas deberían comprometerse a adoptar un enfoque por capas, combinando la comodidad que ofrece la criptografía con la verificación humana cuando el riesgo lo exija.
RESOLUCIÓN N.º 3: ACABEMOS CON LOS CAPTCHAS
Los CAPTCHA se diseñaron para un mundo en el que los seres humanos superaban a las máquinas en la resolución de acertijos. Ese mundo ya no existe.
En 2026, la inteligencia artificial superará con facilidad incluso los retos más complejos, mientras que los usuarios legítimos se verán frustrados. La solución es sencilla: dejar de recurrir a mecanismos, como los CAPTCHA, que castigan a los humanos sin detener a los bots.
El futuro de la «prueba de identidad» será pasivo, respetará la privacidad y se basará en la presencia en el mundo real, en lugar de en juegos cognitivos.
RESOLUCIÓN 4: VOLVER A CENTRAR LA IDENTIDAD EN EL SER HUMANO
Los dispositivos son prácticos, pero no son infalibles. Se pierden los teléfonos. Se piratean las cuentas. El malware es cada vez más sofisticado.
En última instancia, la identidad reside en el ser humano, no en el hardware que lleva consigo.
En 2026, los líderes deberían comprometerse a adoptar modelos de identidad centrados en las personas, en los que los dispositivos faciliten las cosas, pero la verificación recaiga en el individuo cuando la confianza sea realmente importante.
RESOLUCIÓN 5: ENTENDER LA PRIVACIDAD COMO MINIMIZACIÓN DE DATOS, Y NO SOLO COMO ANONIMATO
Los debates sobre la privacidad suelen centrarse en qué datos se recogen. Deberían centrarse en igual medida en la cantidad de datos que no se recogen.
Una de las ventajas más ignoradas de los sistemas de identidad modernos es la capacidad de verificar la identidad de las personas sin necesidad de facilitar demasiada información personal, como la dirección particular o el número de la Seguridad Social, cuando no sea estrictamente necesario. Demostrar que eres tú no debería implicar tener que revelar todos tus datos personales.
A medida que la normativa se endurece y aumentan las expectativas de los usuarios, los responsables deben comprometerse a dar prioridad a la minimización de datos como estrategia fundamental de privacidad, y no como un mero requisito de cumplimiento.
RESOLUCIÓN 6: ASUME QUE TUS PRINCIPALES AMENAZAS ESTÁN IMPULSADAS POR LA IA
El fraude ha entrado en una nueva etapa. La IA generativa ha reducido las barreras de acceso al phishing, la apropiación de cuentas, la suplantación de identidad y el fraude de identidad, lo que permite a los actores malintencionados actuar a una escala y velocidad sin precedentes.
Los intentos de fraude se han vuelto más personalizados. La ingeniería social resulta más convincente. Las identidades sintéticas son más difíciles de distinguir de las reales. Las defensas estáticas y los controles de verificación de un solo uso ya no serán suficientes.
Los responsables deben diseñar estrategias de seguridad basadas en la resistencia continua, y no en controles puntuales. Los sistemas de identidad deben ser capaces de evaluar el riesgo de forma dinámica, responder a las señales de amenaza en constante evolución y verificar que se trata de una persona real cuando más importa, todo ello sin mermar la experiencia del usuario.
RESOLUCIÓN 7: LOGRAR QUE LA SEGURIDAD SE PERCIBIRÁ COMO CONFIANZA, Y NO COMO UN OBSTÁCULO
Tradicionalmente, la seguridad se ha equiparado a las molestias. Esa disyuntiva ya no es aceptable.
Las mejores experiencias de identidad hoy en día pasan casi desapercibidas. Reducen los pasos, eliminan las conjeturas y transmiten a los usuarios la confianza de que los sistemas trabajan a su favor, y no en su contra.
A medida que las organizaciones van familiarizándose con estos modelos, tienden a aplicarlos de forma generalizada en los procesos de incorporación, el control de acceso y las acciones de alto riesgo. En 2026, los responsables deberían proponerse diseñar medidas de seguridad que se perciban como un apoyo, y no como un castigo.
RESOLUCIÓN 8: PREPARARSE PARA EL EXAMEN DETALLADO SOBRE CÓMO SE ALMACENAN LOS DATOS DE IDENTIDAD
Gran parte del debate público en torno a la identidad se centra en el uso. El almacenamiento merece la misma atención.
Las bases de datos biométricas ya sustentan sistemas críticos, desde los documentos de identidad oficiales hasta los programas de acceso de los empleados. La cuestión ya no es si existen dichos sistemas, sino con qué grado de transparencia y seguridad se gestionan.
En 2026, los líderes deberían exigir un cifrado más sólido, modelos de consentimiento más claros y controles auditables para que la fiabilidad sea cuantificable, y no algo que se dé por sentado.
RESOLUCIÓN 9: CONSIDERAR LA TECNOLOGÍA DE IDENTIDAD COMO UN FACILITADOR, NO COMO UN RIESGO
Durante demasiado tiempo, los debates sobre las tecnologías avanzadas de identidad se han centrado en el miedo y en lo que podría salir mal.
Sin embargo, cuando se implementan de forma responsable, estos sistemas abren las puertas a nuevas posibilidades: experiencias más fluidas, menor fraude, menor exposición de datos y mayor autonomía de los usuarios.
A medida que se acelera la adopción, el discurso está pasando de la cautela a la capacidad. En 2026, los líderes deberían proponerse abordar la identidad no como un mal necesario, sino como una base para el empoderamiento.
LO QUE EL AÑO 2026 EXIGE A LOS LÍDERES EMPRESARIALES
La confianza no se genera en un solo instante. Se va ganando y consolidando de forma continua con el paso del tiempo. Y, a medida que se intensifican las amenazas impulsadas por la inteligencia artificial, una verificación puntual ya no refleja la realidad del riesgo digital.
Las organizaciones que tengan éxito en 2026 serán aquellas que basen la confianza digital en algo que no ha cambiado (la presencia humana real) y, al mismo tiempo, se adapten a unas tecnologías que cambian a diario.
El futuro de los negocios no es solo más digital. Es más humano.
Este artículo se publicó por primera vez en FastCompany.