KYC biométrico: la verificación de identidad biométrica despega en el proceso de alta de clientes

Durante muchos años, la biometría ha sido principalmente competencia de los gobiernos, quienes —en aplicaciones como Sector de Seguridad Pública, la defensa y el control fronterizo— han utilizado la búsqueda biométrica para «identificar» a las personas, verificando básicamente la identidad que estas declaran tener.

Hoy en día, los sensores biométricos están por todas partes, y millones de personas utilizan la biometría varias veces al día para autenticarse. Ahora resulta difícil recordar una época en la que la asociación de la biometría con la delincuencia fuera algo instintivo; una idea según la cual la toma de mis huellas dactilares —por no hablar de una foto policial— representaba una acusación y una desconfianza inherente. Se trata de un poderoso cambio de paradigma para el sector, no solo en términos de potencial de mercado, sino también por el cambio en la forma en que los consumidores perciben la biometría.  La foto policial se ha convertido en un selfi. Hoy en día utilizamos nuestras huellas dactilares y apenas nos damos cuenta de que lo estamos haciendo. Y la asociación ya no es con el delito, sino con la alta tecnología, la comodidad y el futurismo.

¿Y ahora qué? La tecnología biométrica que utilizan los gobiernos para realizar búsquedas en bases de datos de delincuentes y listas de vigilancia también puede resultar muy útil para las empresas comerciales que intentan detectar a los estafadores que tratan de abrir nuevas cuentas con fines ilícitos. Antes de que el uso de la biometría por parte de los consumidores para la autenticación se convirtiera en un acto instintivo más, someter a los posibles clientes a una verificación biométrica no iba a ser muy bien recibido.

Pero, una vez más, esto ha cambiado. Hoy en día, los consumidores tienen una comprensión más sofisticada del significado de la identidad en un mundo digital. De nuevo, ya hemos olvidado una época más sencilla en la que nuestra identidad era el carné de conducir, no un nombre de usuario o un perfil en las redes sociales. No hace tanto tiempo que mi número de la Seguridad Social aparecía impreso en mi carné de conducir. En aquel entonces nadie le daba importancia, pero hoy en día todos sabemos muy bien que las reglas son diferentes en un mundo digital.

Cualquiera que haya estado en un aeropuerto en los últimos diez años sabe perfectamente que muchas de las mayores amenazas actuales no son los Estados-nación, sino personas que se encuentran entre nosotros y que pasan desapercibidas. Los servicios de control previo para viajeros, como Global Entry y TSA Pre, resultan atractivos para los viajeros porque nos brindan la oportunidad de demostrar nuestra buena conducta y utilizarla como si fuera moneda de cambio para acceder a colas más cortas.

También comprendemos mejor los peligros que acechan en el ámbito digital, donde hay depredadores que se hacen pasar por otras personas y esperan a que una víctima desprevenida comparta demasiada información personal. Entendemos lo poderosa que puede ser nuestra identidad digital y lo que puede suceder si no la protegemos.
Por eso, ahora, cuando un banco nos pide que nos sometamos a una verificación biométrica de identidad, no nos inmutamos. Sabemos que somos beneficiarios de la verificación de identidad. Cuando mi banco sabe quién soy, puede saber quién no soy yo, y puede ayudar a garantizar que los acechadores no puedan hacerse pasar por mí y robarme mis activos. Lo llamamos «Conoce a tu cliente» o KYC, y los clientes lo entienden. Hemos entrado en una nueva era en la que los bancos ya no gestionan todas nuestras operaciones en la sucursal del barrio, por lo que el KYC es más importante que nunca.

Esta es una buena noticia para los bancos y también para otras víctimas habituales del fraude: los proveedores de asistencia sanitaria, los comercios minoristas y, sin duda, los administradores de prestaciones públicas. Al saber con certeza que un cliente NO figura en ninguna lista de estafadores conocidos, podemos tratarlo un poco mejor; ofrecerle mejores servicios, mejores precios… como una invitación a la fila «TSA Pre». Estos son los clientes que quieren, y nosotros, como clientes, estamos encantados de complacerles, siempre y cuando obtengamos algo a cambio.

Así pues, la biometría está evolucionando al mismo tiempo que nuestra percepción de ella. La asociamos con un historial limpio, no con uno delictivo; se trata de un cambio de perspectiva bastante drástico. Por eso cabe esperar que la biometría se utilice cada vez más, no solo para la autenticación, sino también para la búsqueda y la verificación de la identidad en aplicaciones comerciales.

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