América Latina (LATAM) es una de las regiones con mayor riqueza y diversidad cultural del mundo; un crisol que combina las tradiciones indígenas con una afluencia constante de personas procedentes de todos los rincones del mundo. Lamentablemente, la diversidad de su identidad va de la mano de la de sus documentos de identidad y de las oportunidades de fraude que ello conlleva. La región sufre un fraude generalizado causado por documentos originales en papel y plástico de baja seguridad y fáciles de falsificar, y este problema provoca pérdidas cuantiosas a las economías locales de la región. Afortunadamente, LATAM también es conocida por su uso generalizado de la biometría, que está empezando a emplearse para prevenir el fraude, así como para aportar comodidad y seguridad a las transacciones diarias.
Muchos países de la región de América Latina utilizan la biometría como factor clave para identificar a sus ciudadanos. Las huellas dactilares y el registro biométrico facial se utilizan ampliamente en la expedición de documentos de identidad en países como Brasil, Argentina, Chile, México, Perú y Paraguay, lo que permite crear bases de datos con información biométrica y biográfica que resultan útiles para prevenir el fraude. La recogida de datos biométricos no suele correr a cargo de un único organismo gubernamental, sino de varios organismos independientes —tanto a nivel federal como estatal— que utilizan los datos recopilados para sus propios procesos independientes de autenticación y validación. Estas bases de datos independientes se van generando a lo largo de largos períodos de tiempo, por lo que es probable que, con el tiempo, los datos biométricos de un ciudadano se dupliquen en distintos repositorios.
La redundancia de datos suele aplicarse para preservar la información en caso de fallo del hardware o del software. Las copias de seguridad y la redundancia son obligatorias tanto para los organismos públicos como para las empresas privadas, y esto se aplica también a los datos biométricos. Cabría esperar que no fuera necesario volver a registrarse si los datos biométricos ya están almacenados en otras bases de datos gubernamentales, pero rara vez es así.
Por ejemplo, un ciudadano brasileño típico tiene un documento nacional de identidad, un permiso de conducir y un pasaporte, y sus datos se duplican en los tres sistemas. Estas bases de datos no están interconectadas ni son interoperables debido a que los sistemas y procedimientos se han optimizado en función de las obligaciones y responsabilidades específicas de cada organismo, así como a la prohibición del intercambio de datos por motivos de seguridad y privacidad. El resultado es una situación indeseable en la que cada ciudadano tiene muchas credenciales de identificación diferentes expedidas por distintos estados y organismos. A este problema se suma el hecho de que, a menudo, las personas tienen varias cuentas en un mismo sistema.
Todos estos problemas se combinan para crear una «tormenta perfecta» propicia para el fraude en los casos en que se recurre a las credenciales para verificar la identidad de los ciudadanos. Los estafadores pueden solicitar varios préstamos diferentes a uno o más bancos, inscribirse varias veces en planes de pensión o jubilación, o aprovecharse de prestaciones financiadas por el Estado, como la asistencia sanitaria o los descuentos en el transporte público. El problema genera grandes pérdidas para las empresas, pero es el sector público el que soporta la mayor parte de las pérdidas debido al uso fraudulento de prestaciones gubernamentales o patrocinadas por el Estado, incluidos los servicios sociales, la asistencia sanitaria, los préstamos para estudios y las pensiones, que suman muchos millones de dólares. Gran parte del fraude podría evitarse si estas bases de datos pudieran sincronizarse de alguna manera. La mayoría coincide en que la comunicación es la clave para la prevención del fraude, pero, por diversas razones, no pueden permitir que se compartan sus datos.
Las preocupaciones en materia de seguridad y privacidad de los datos constituyen los principales retos para el intercambio de datos biométricos. Ninguna agencia permite el acceso ni la transmisión de sus datos biométricos, pero el objetivo de utilizar la biometría para reducir el fraude puede alcanzarse anonimizando los datos y minimizando su intercambio. Por ejemplo, una agencia puede facilitar datos biométricos anónimos para su búsqueda en otra base de datos, cuyo propietario puede responder con un simple «sí» o «no». Los organismos de seguridad ya operan de manera similar. Este flujo de trabajo impide el acceso al contenido completo de la base de datos y los únicos datos biométricos que circulan por la red proceden de la plataforma solicitante. Se requiere un nodo central que interconecte estas diferentes bases de datos para gestionar la difusión de datos y las solicitudes de servicios, así como la adopción de objetivos de comparación claros y estándares biométricos entre las bases de datos de fondo y los usuarios finales.
Un posible enfoque para fomentar el intercambio de datos con el fin de prevenir el fraude consiste en permitir que quienes posean datos biométricos útiles cobren una tarifa por la búsqueda o autenticación biométrica, al tiempo que se mantiene la privacidad y la seguridad de los mismos. Una búsqueda biométrica puede servir para comprobar si existen duplicados en el registro y evita que las personas con varias tarjetas de identificación se registren varias veces en una base de datos. También puede realizar una autenticación en la nube verificando la identidad asociada a un número de identificación y garantizando la autenticidad tanto de los datos biométricos como del documento original. Este tipo de servicio tiene el potencial de prevenir abusos en la asistencia sanitaria al garantizar la identidad de los beneficiarios de la asistencia sanitaria, los pensionistas, los beneficiarios de seguros y los solicitantes de empleo, e incluso sustituir los códigos PIN o las firmas digitales en las transacciones bancarias y financieras. Existen numerosos casos de uso y aplicaciones.
El sector bancario está liderando la adopción de la biometría como factor de autenticación de seguridad, especialmente en Brasil. Por ejemplo, los bancos han integrado la biometría en los cajeros automáticos como un mecanismo de autenticación más fiable y seguro, gracias al cual los clientes pueden acceder a sus cuentas mediante la autenticación por huella dactilar, en lugar de tener que memorizar un PIN o llevar consigo una tarjeta con claves de autenticación preestablecidas. Este caso de uso aporta comodidad al cliente y un factor de autenticación mucho más sólido a los bancos, lo que reduce el riesgo de fraude y de robo de tarjetas bancarias. El uso de la biometría en el mercado bancario brasileño ha tenido tanto éxito que los bancos y las empresas de medios de pago electrónicos están explorando ahora la posibilidad de integrar la biometría en tipos de transacciones no supervisadas, impulsando la autenticación biométrica hacia los ordenadores personales y el comercio electrónico, así como hacia las plataformas móviles para transacciones bancarias.
Además, los bancos están empezando a reconocer las ventajas que supone compartir datos, especialmente frente a los estafadores. La mayoría de los esfuerzos se centran en crear una plataforma centralizada que conecte las bases de datos de los distintos bancos y sirva como centro de autenticación de clientes, de modo que los bancos puedan utilizarla para contrastar las credenciales de los nuevos solicitantes con las bases de datos de otros bancos. Esta plataforma tiene el potencial de prevenir ataques en múltiples bancos, así como en cualquier proveedor de servicios o organismo público que pueda tener acceso a sus servicios.
Lograr la interoperabilidad de los sistemas biométricos de esta manera constituye un mecanismo de prevención del fraude potencialmente muy eficaz que puede incluso generar nuevos ingresos para las partes que posean datos útiles. La región de Latinoamérica cuenta con la ventaja de haber mostrado históricamente una actitud favorable hacia la biometría y ya dispone de varias bases de datos biométricas de gran envergadura. El mayor reto consiste en implementar la interoperabilidad de tal forma que no afecte a la seguridad ni a la privacidad. Si se logra, se abre una gran oportunidad para que las empresas y los gobiernos de la región den un gran paso adelante en la reducción del fraude.