Es de vital importancia para las organizaciones garantizar medidas para proteger sus sistemas, activos y datos, propios y de clientes, frente a amenazas externas y accesos no autorizados. En el mundo de hoy, esto es aún más evidente con la apropiación indebida de la identidad de terceros en un nivel nunca antes visto, y con las violaciones de sistemas y datos que crecen en torno a la 17% desde 2020.
Históricamente, los sensores constituyen la espina dorsal de la mayoría de los métodos de autenticación y de las medidas de seguridad para proteger el acceso a sistemas y datos. Sin embargo, dado que el 61%2 de las violaciones se producen como resultado de fallos o rotura de los sensores, las organizaciones están buscando alternativas más seguras. La autenticación biométrica, que aprovecha las características físicas únicas de una persona para concederle acceso a información o beneficios en general, elimina en la práctica los problemas asociados a los métodos de autenticación basados en el sensor, proporcionando una alternativa mucho más segura y conveniente.
Sin embargo, una vez establecido este nuevo patrón de seguridad, basado en la autenticación biométrica, los "hackers" y las personas que cometen fraudes surgen con nuevos métodos de ataque. Estos métodos incluyen ataques de presentación, "deepfakes" y "morphs", cuyo aumento de frecuencia ha llamado la atención de las organizaciones. Sin embargo, ha habido mucha confusión en torno a estos métodos y a la amenaza que realmente representan. Las organizaciones bien informadas sobre la naturaleza de cada una de estas amenazas, y sobre cómo han evolucionado, pueden protegerse con eficacia y garantizar que los intereses de sus clientes permanezcan asegurados.